Bien dicen por ahí que la felicidad no es eterna, que son pequeños momentos continuos o intermitentes del día a día. Esta conferencia nos permite reflexionar acerca de la tendencia consumidora en la que nos vemos envueltos todos los días, lo dependientes que nos hemos hecho a los grandes y pequeños productores, industrias de alimentos, de ropa, de tecnología, de medicamentos, entre otros.

Nuestros antepasados tenían una forma de vida distinta, en la que sólo cubrían las necesidades básicas, viviendo en armonía con la naturaleza, honrando sus tradiciones y culturas; hoy son pocos los que perduran ante la avalancha de nuevas tecnologías y productos innecesarios para el ser humano.

Ellos no estaban, ni están al pendiente de la farándula, a ellos les ocupa y les preocupa la disminución de sus bosques, selvas, la contaminación de sus ríos.

‘Pobres’, decimos algunos, pero ¿Quién es realmente pobre? aquellos niños que ya no se despegan de una aparato electrónico, que cambiaron las ‘cascaritas’ por el FIFA 2014, o las actividades recreativas por estar sentados frente a un televisor, o aquellos niños que aún trepan árboles, aprenden a nadar en el cauce de los ríos, escalan montañas a diario, respiran aire fresco, se levantan con el calor del sol y el canto de las aves, que aprenden de la vida conviviendo con ella ¿Quiénes son pobres? las chicas que gastan cantidades exorbitantes de dinero en ropas que pasarán de moda en unos meses o en el nuevo modelo de celular que de distinto al anterior sólo tiene un botón; o aquellas que aún tienen la dicha de nadar en cascadas dentro del Amazonas, que las ropas que cubren su cuerpo son pinturas de gran significado para sus tribus. ¡Imagínense la capacidad motriz de toda esta juventud que se enfrenta a la vida real en sus comunidades!

Sí, vivimos en el siglo XXI, donde la medicina, la tecnología se han desarrollado, en donde los sistemas han ido evolucionando, sin embargo aún hay mucho que aprender de nuestras culturas indígenas si queremos vivir en armonía no sólo con la naturaleza, sino en la sociedad misma. Nos demuestran que no son necesarias tantas cosas materiales para alcanzar pedacitos de felicidad continuos, que la naturaleza nos obsequia tantas cosas y que muchos hemos malgastado esos regalos.

La tecnología no esta peleada con las culturas indígenas, en el Amazonas, por ejemplo son consientes de que para ser escuchados deben involucrarse en las nuevas tecnologías, sin perder la esencia de su cultura, sin intentar imitar a los ‘blancos’, como suelen llamarlos, inculcándoles a los jóvenes el amor por su pueblo, y es que es ahí, en la diferencia, donde está lo maravilloso.

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